El desarrollo vitivinícola y del retail en Chile son sólo dos ejemplos de cómo la innovación impulsa la productividad.

Cuando los españoles arribaron a Chile trajeron consigo algunas parras que plantaron a modo experimental en los valles centrales. La fertilidad y las bondades climáticas del país permitieron pasar de una tibia producción local a 1,6 millones de litros anuales hacia el año 1600. Pero según las crónicas de la época, se trataba de un vino grueso y con problemas de fermentación.

La innovación resultó fundamental para saltar de una producción  campesina a una industrial, un sector que según Edmundo Bordeu, profesor de enología de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la U. Católica, históricamente ha innovado, permitiendo el desarrollo productivo del vino chileno.

El primer hito, dice, fue cuando antes de 1900 llegaron a Chile algunos enólogos franceses a petición de algunas familias que se hicieron ricas con la minería y querían tener sus propias viñas al estilo francés.

“Hoy Chile no tiene nada que envidiarle a la tecnología que se usa a nivel internacional en la industria del vino”, dice Bordeu.

En efecto, 400 años después, Chile es uno de los principales productores y exportadores de vino del mundo. Sólo en 2015, 1.800 millones de personas tomaron al menos una botella de vino chileno. Las exportaciones del sector son el 12% del total de envíos silvoagropecuarios con ingresos de 1.900 millones de dólares anuales.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) promueve la innovación. Hace un par de semanas publicó un documento en el que aconseja a Estados y privados fomentar la innovación con medidas de apoyo a la investigación y el desarrollo. Es más, recomienda que las empresas inviertan 40% más en innovación y desarrollo, que a largo plazo pueden aumentar el Producto Bruto Interno de un país en 5%.

Actualmente los esfuerzos de innovación de la industria vitivinícola están puestos en materias de inocuidad, producción sustentable, vinos orgánicos y la identificación de lugares ideales de cultivo para cada cepaje.

Bárbara Wolff, subgerente de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de Viña San Pedro Tarapacá Wain Group, reconoce la fuerza de la innovación en este proceso. “En los últimos 10 o 15 años se ha avanzado mucho. En los 90 todos los grandes vinos provenían del Valle Central (Maipo, Colchagua). Hoy las fronteras vitivinícolas se han ampliado hacia el norte y el sur. En el caso de San Pedro, hemos sido pioneros en el Valle de Elqui, experimentando más allá de los valles tradicionales. Gran parte de las innovaciones y cambios en la viticultura han venido por la búsqueda de nuevos orígenes para los vinos chilenos y el desarrollo de variedades mediterráneas. Chile ya no es solo Cabernet y Carménere”, dice.

Viña San Pedro, por ejemplo, acaba de inaugurar una planta de Biogás en Molina, la primera viña del mundo en generar energía limpia para el país a partir del 100% de los residuos orgánicos.

¿Dónde falta innovar? Según Bordeu, en I+D. “El Estado y la industria debe invertir más en investigación. Hay problemas vitivinícolas propios que no se pueden solucionar con investigación externa. Países como Australia innovan e invierten mucho más que nosotros. Tenemos buenos investigadores, pero son equipos pequeños”, dice.

Las nuevas plazas

La industria del retail es otra área productiva que rápidamente entendió la importancia de la innovación. A principio de los 90, por ejemplo, Plaza Vespucio fue uno de los primeros mall en instalar un patio de comidas, “cuando muchos pensaban que a los chilenos no les gustaría comer junto a otros en un mismo lugar”, dice Cristián Muñoz, gerente comercial de Mall Plaza.

“Desde hace años que los centros comerciales dejaron de ser lugares sólo para ir a comprar y se han transformado en los principales centros urbanos de las comunas o barrios en los que se insertan. Pasaron a ser un lugar de encuentro permanente y reconocido por la gente”, agrega. La empresa luego agregó el primer multicine (también en Mall Plaza Vespucio) “que marcó un antes y un después en la oferta de entretención”, recuerda Muñoz y el primero en incorporar una sala SCD abriendo un nuevo escenario para la música nacional.

No en vano el retail mueve tanto dinero como el total de las exportaciones del país. Si en 2014 Chile exportó 75 mil millones de dólares, el comercio facturó ese mismo año 76 mil millones.

En Sodimac la innovación también es crucial. Eduardo Mizón, gerente general de Sodimac Chile. explica que desarrollaron una completa política de innovación “basada en el concepto de cocreación con sus proveedores y la articulación de los principales actores del ecosistema de innovación en Chile”, explica.

Bajo esta lógica, en 2012 crearon el Centro de Innovación de Proveedores (CIP), que reúne a proveedores, inventores y universidades para generar nuevas soluciones, creativas y directas, de productos o servicios.

A la fecha han desarrollado 54 nuevas soluciones y varios productos que se están comercializando en Argentina, Brasil, Colombia, Perú y Uruguay. ¿Ejemplo? Madera impregnada con cobre micronizado que la protege de las termitas y la descomposición por hongos.

Hoy la empresa busca duplicar las ventas por concepto de innovaciones vinculadas a la sostenibilidad.

Prepara el lanzamiento de nuevos productos para construcción con elementos provenientes de residuos; en calefacción introducirán soluciones para bajar la contaminación de las estufas de bajo costo y en seguridad se comercializarán cerraduras de interior articuladas de fácil apertura para el adulto mayor codesarrolladas con Odis. Solo el año pasado, las ventas de productos innovadores desarrollados en el CIP superaron los $3.600 millones, dice Mizón.

 

Fuente: La Tercera