El segmento de autos eléctricos ha sumado cada vez más adherentes y se espera que hacia 2030 ya esté completamente desarrollado. Los principales beneficiados ante la creciente fabricación de este tipo de vehículos -que irá dejando atrás a la producción de autos con combustión interna- serán las industrias de materias primas, sobre todo el cobre, el níquel, el cobalto y el litio.

Actualmente, los automóviles de combustión interna contienen alrededor de 25 kilogramos de cobre y los híbridos alcanzan los 45 kilogramos, mientras que un automóvil eléctrico utiliza entre 70 y 80 kilogramos del metal; es decir, casi el triple que un automóvil normal.

Considerando las perspectivas de desarrollo de los autos eléctricos y su uso intensivo de cobre y otras materias primas, la economía chilena será una de las más favorecidas. Esto, ya que el país es el mayor productor del metal a nivel mundial. Luis Méndez, gerente general de Banmerchant Capital, comentó que “Chile además será uno de los grandes beneficiados de esta revolución por el incremento en la demanda de otros minerales como el litio, cobalto, aluminio, manganeso, níquel, entre otros. Esto implicará un escenario de mayor crecimiento, mejor recaudación fiscal y mejora en las cuentas externas”.

El director ejecutivo de Plusmining, Juan Carlos Guajardo, indicó que “en la medida que Chile sea un productor eficiente de cobre, capturará una porción de un mercado creciente y una mayor renta, si los precios reaccionan con niveles más altos”.

Los drivers de la industria

Sin embargo, la industria de los autos eléctricos aún no es un terreno ganado. Actualmente el 0,2% del parque automotor mundial está compuesto por estos vehículos y se espera que ese porcentaje suba a 7% de aquí a 20 años.

Ante este panorama, los analistas prevén que esta industria podría generar una revolución en las materias primas recién hacia 2030. Raimundo Lay, senior consultant de CruGroup, señaló que en 2016 se habría producido “un consumo de cobre total en el sector de los autos eléctricos sobre 600 mil toneladas, lo que equivale a sólo 2,5% del cobre total consumido en el mundo en ese entonces”.

El consultor advirtió que todavía hay incertidumbre respecto de cuáles son los drivers que están impulsando este creciente mercado. Entre ellos figura la demanda de estos vehículos en el mundo, la cual aún depende de los incentivos impuestos por los gobiernos para transformar su parque automotor.

Otro factor relevante, según Lay, es la velocidad del desarrollo de las tecnologías para baterías de vehículos eléctricos, “donde una optimización más rápida de esta abarataría los costos de este tipo de vehículos”, señaló. Y, por último, está también la dificultad para acceder a la materia prima para la construcción de baterías, lo que al final resulta en un cuello de botella para el desarrollo de la industria.

Petróleo: el gran perdedor de esta batalla

Como en todo siempre hay perdedores y ganadores. Esta vez, el más afectado será el petróleo, ya que si en 2030 se concreta el boom de los vehículos eléctricos, el consumo de este combustible fósil disminuirá notablemente.

Muhammed Ghulam, equity research associate de Raymond James, aseguró que “en 2020 esperamos que estos vehículos desplacen 270.000 barriles por día de demanda de petróleo. A nuestro juicio, el impacto en la demanda se hará mucho más evidente a medida que avanzamos hacia el año 2020”.

Por su parte, Germán Guerrero, socio de MBI Inversiones, indicó que “el consumo de petróleo va a verse afectado en forma importante por los autos eléctricos y por otros factores debido a su contaminación, por lo que a nivel global se espera que hacía el 2030 su consumo empiece a caer”.

Fuente: El Mercurio